Yingol bels, yingol bels... yingol al de güei.
Siguiendo la línea de las multitiendas y los grandes supermercados, enchulé mi blog, y ahora se siente como dentro de un jumbo. Aunque al parecer hace que se quede pegado y no se porqué el título ya no queda en su lugar, en fin.
La Navidad es una fecha muy curiosa. Curiosa porque, a pesar de que en concreto es solamente un día y a finales de diciembre, la navidad comienza en noviembre. Curiosa también porque no entiendo a qué viene tanto producto de “haga su propia nieve con este spray mágico”, el “arbolito que tira nieve”, la “super round mega snow ball”... etc., si acá en Chile nos estamos derritiendo de calor y el hielo, con suerte, te dura un par de minutos. Está bien que uno quiera tener lo que no tiene, pero ¿tan al extremo?. Tampoco entiendo porqué el viejito pascuero se tiene que vestir tan abrigado y solo por seguir como el prototipo viejo-pascuero-soy-del-polo. Cuando podrían perfectamente usar el mismísimo traje pero en versión short y polera… si en el fondo, mientras tenga barba blanca, está todo perfecto. Si cuantas veces una, sin importar la edad, señala al caballero canoso, con barba y ojalá medio coloraito y dice “¡mira!, el viejo pascuero”. Eso es todo lo que se necesita.
Mi familia es muy católica y por lo mismo la navidad sí tiene significado, ese mismo que la lectora de noticias y el curita del 13 te piden. Celebrar el nacimiento de Jesús. Por lo mismo, en estas fechas Jesús se encuentra escondido detrás de la radio esperando su gran estreno navideño, porque eso es lo que hacemos, el 24 en la noche lo sacamos de su escondite y lo ponemos en el pesebre.
El pesebre de mi casa es rechori porque lo pintamos nosotros, pero no le llega ni a los talones a éste.
A Mr. Bean lo dejan jugar con el pesebre... a mí no.